Le ví desde la ventana de el salón de casa de mis abuelos, no me parecía ni el lugar apropiado, ni la forma idónea de hacer negocio. Bajé las escaleras y me situé a una distancia prudente para que mi objetivo no le distrayese de su trabajo, bien sabido es que no me gusta molestar a la gente cuando se esfuerza por crear una atmósfera de concentración, y mucho menos cuando se trata de ganarse el pan.

Sin embargo el me vió, levantó su sombrero negro, recogió lo que le fueron dando y se acercó a mí-unas monedillas- dijo, rebusque en mi mochila y le dí lo que yo consideraba oportuno para las pocas fotos que había conseguido sacar (aparte no tenía más).
Me comentó que si quería podía quedarme y sacar nuevamente más fotos, acepté con gusto, solo la ídea de poder dejar para la memoría algo que yo no había visto nunca me interesaba lo suficiente como para llegar tarde a mi destino.
Estuvimos un rato charlando, me dió su dirección de hotmail, y me comentó que en tiempos atrás trabajaba para una compañía de circo en Vitoria, por su acento adiviné que era argentino,- De río- me ayudó el.
Montó en su monociclo y saltó a el ruedo, la gente cruzaba, algún coche tocaba el claxón, y un chico hacía ruido con el motor de su scooter, pero nada conseguí parar a este artista que se jugaba la vida haciedo malabares en un paso de cebra.